Dicen que la crisis tiene tantas caras como personas. El caso de Techo y comida es uno de estos rostros, uno de tantos. La opera prima de Juan Miguel Castillo nos sumerge en el retrato de urgencia, en el cine social. Se engloba dentro de aquellas cintas que retratan la crisis económica sin que esta 'oficialmente' acabase.
El espectador se encontrará una película dura, desesperanzada, siguiendo un ritmo, el del día a día, que nunca termina, con pocos oasis en un árido desierto urbano.




